jueves, agosto 28, 2008

Reconstrucción del primer vestido

Mañana se cumplen 10 años del día en que sin ninguna explicación lógica me levanté y me devolví a la casa. Sin grandes aspavientos, sin anunciárselo a nadie, se había ido con una muerte envidiable (sí, he tenido envidias, esta es una de las buenas): no se levantó más, la vida se le fue en el intento de esa mañana.

Me hubiera encantado seguírmela encontrando en el bus que yo tomaba para ir a la U y ella para ir al mercado. Ya cuando me vio más cara de grande, y por primera vez conociendo el desamor, había comenzado a contarme el primer capítulo de su historia de juventud.

Me encantaría contarle que ahora vivo acá, en su provincia de gente morena, acompañada por el Inge, que además de hermoso, valiente y cuchilla suiza, le repetiría todas las veces sus platillos.

Me encantaría que se riera conmigo si le cuento que ya entendí uno de esos "traumas" de infancia burguesa que pensaba que tenía: según yo, nunca me mandaron vestida de "guanacasteca" a los actos cívicos de la Anexión de Guanacaste. Para entender, necesité como 20 años, muchos feriados que pasaron sin el porqué y un 25 de julio que incluye un concierto en el Parque de Nicoya con Luis Enrique Mejía Godoy cantándole terapias al desencanto. Todas las que tenían mamá con tiempo llegaban ese día con su pelo largo recogido en dos trenzas, amapolas en las orejas, sandalias y enaguas de colores. Las que no, llegaban en el uniforme de siempre, y unas pocas extrañas nos salíamos un poco de la convención con el permiso de las maestras.

La primera vez, a punto de cumplir 5 años, mi mamá me llevó a la tienda La Gloria que quedaba en el Centro COmercial del SUr. Es muy posible que todo ocurriera 15 minutos antes de que cerraran: comprar un metro de tela de manta cruda y llevarme a la sección de cintas a que yo escogiera (siempre bajo cierta guía) las que me gustaban. Yo me iba a dormir y a la mañana siguente después del baño me ponía el vestido de manta al que le había cosido las cintas en diagonales, unas sandalias... y nada más... yo tenía el pelo corto, así que no se me hacía el sueño cursi de vermelo caer largo y en dos trenzas. Llegaba al kinder muerta de frío, y no faltaba un chiquillo metiche y sorompo (estilo Lej Policía) que dijera:

-¿Y ud porqué vino vestida así, si hoy había permiso para venir vestidos con un traje tí-pi-cooo?- Y sonreía bajo el dibujo de un bigote.
Yo, que había llegado preparada para responder decía:
-Soy una india chorotega. Como los indios que vivían en Guanacaste. Me lo dijo mi mamá.

Luego de la sacada de lenguas, cada uno se iba a su recreo, yo, sintiéndome parte de una minoría que sin saber muy bien de qué se trataba todo, había llegado con una versión diferente del traje típico. Tal vez no estábamos en la misma clase, pero en las miradas que cruzábamos por el pasillo y los jardines sabíamos reconocer y sentir que representábamos el otro punto de vista.

Quizás los papás y mamás de ninguno de nosotros supo nunca con exactitud cómo era que se vestían los chorotegas. Pero se lo inventaban (clichés de más o de menos). Para no tener que coser otro vestido, a los años siguientes (mientras el vestidito dio por los costados) mi mamá le cosía cintas gruesas en el ruedo y así lo alargaba. Cuando ya no dio por los costados yo no quise otro. Quise uno de LOS otros. Mi mamá no bajó la cabeza pidiendo vestidos prestados a las cuñadas que tenían hijas. Tampoco fue a La Gloria a comprar tela para uno de esos vestidos. Mi abuela, enterada del "drama" que era para mí ser de las que iban con el uniforme, apoyó con un estoico silencio. O más bien, puede ser que desde la primera vez dijera sin que yo me enterara: Vestila de india.

A lo mejor ahora reiría conmigo si le contara mis conclusiones. El vestido diferente quedó por dentro, prefiero los trajes de la diferencia aunque la opción de vestimenta implique ser minoría y eso duela cuando afuera no entienden; y en lo superfluo, seguramente en esta historia está el germen del gusto por lo distinto, que a los años cristalizó en aquella serie de comentarios y miradas provenzales que conocimos como:

"¡Ay pero que ves-ti-di-LLO ese que andás hoy!!"

5 comentarios:

Sirena dijo...

Jajajajajaja... pues me hubiera encantado ir vestida de indígena chorotega... pero la costurera del pueblo se sabía bien las convenciones de colorinches y telas de charmelina... Si me acabás de recordar una cosa... voy a ver si me inspiro...

Unknown dijo...

Ayúdame con mi último post "dichos y decires", te espero!!!!

Matriuzka dijo...

¡Que lindo!

Hoy el día particularmente empezó bien para mi. Te leo y me quedo con una gran sonrisa.

¡Gracias!

Ana dijo...

¡¡Jajajajajajaja!!

Es que tenías que decirle: "Mirá que no sos la primera que me dice algo así, entonces ya da lo mismo, se te adelantaron"

:: Cianuro :: dijo...

jajajajaaja... ahora TODO tiene sentido!!!! absolutamente tooodo.. jejejeje