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domingo, octubre 12, 2008

Corte

Posiblemente,
nunca aprendí a ser mujer de pelo largo.

jueves, agosto 21, 2008

Pasos

" A todos nos pasa, a todos nos ha pasado, un día, un día cualquiera, en cierto momento en que creemos caminar de la forma más normal por este mundo [...] nos damos cuenta de repente de que hace largo rato que hemos ido en realidad a otro sitio, que no nos encontramos donde debían llevarnos nuestros pasos".

La Vida Nueva
Orhan Pamuk


Anoto que para este caso, mis pies y mis manos ya llegaron siguiendo unos pasos, pero mi cabeza (y sobretodo mis tripas) no terminan de llegar al lugar hermoso que otros pasos les han regalado.




sábado, agosto 16, 2008

Regreso




Falta un cuarto para las cuatro de la tarde. Al día siguiente es feriado, día de la madre y yo solo pienso en cuantas ganas de irme acumulo en la tripa. Entre más regreso a San José de visita más me convenzo de cuánto extraño a las personas, a mi gente de gustos diversos, a sus otros mundos posibles siempre en construcción. Extraño las oportunidades de visitar esos mundos, de respirar los aires de lo distinto.

Me despide la ciudad con una de esas escenas macabras que cada día se vuelven más y más y más tristes y cotidianas. El tránsito se pone cada vez más pesado y lento, quedo de primera en el semáforo de La Uruca frente a la FACO. Un tipo se acerca a pedir, yo practico mi cara de la burguesa que lo ignora (¿qué más da o quita ahí al frente otra fulana que le vuelve la cara?), las ventanas están cerradas y él acerca su cara cuanto puede, se queda en silencio, pide, pide, pide. Mi mamá dice que me haga para adelante. La calle está a reventar y en el sentido contrario pasan tantos carros que la opción de brincarse el alto no existe, la que existe es la de tirarse para provocar un accidente. Aún así en un impulso de hija obediente adelanto un poco, el carro se mueve y esta persona mueve su cara sin dejar de tener mi ventana a su lado:

- ¿Qué? ¿Mi amor se lo va a saltar? ¡Vea que son cinco mil si se lo salta! A ver, dele dele, sálteselo si quiere.

Solo pienso en la eternidad que falta para que el semáforo cambie. Que el tipo es de los que estando un poco más consciente de su motriz, de fijo es de los que rompen ventanas... que a lo mejor no está tan mal como yo lo pienso y que en el asiento de atrás, tiene servidas y muy alcanzables dos carteras y si quisiera, para rematar, una computadora abierta que lleva mi mamá en los regazos.

El semáforo cambia, yo acelero y atrás de mí lo hacen otro poco. Ya habrá un siguiente que quede de primero en la fila.

De camino la pregunta regresa como un boomerang: ¿porqué era que los sapiens sapiens inventamos y nos encantamos con-vivir en la ciudad???? Ah sí... por las oportinidades, por las posibilidades, por la diversidad, porque hay más oferta de cosas que hacer... Me regreso a la escena del semáforo... regresa la pregunta... Y la respuesta es que no, definitivamente con esos argumentos no tengo suficiente para cerrar el círculo.

Salimos de la ciudad por unas razones que al menos a mí, no me van a servir cuando tenga que regresar, ¿cómo vamos a dibujar el recorrido a la inversa?

Y no es que la vida en el mundo rural carezca de escenas macabras, también aquí hay fronteras de fronteras. Pero todavía no es tan común la escena de la solidaridad yéndose por las alcantarillas.

lunes, julio 21, 2008

Comodín


Todo tiene un paisaje nuevo, donde ir hacia allá ya no es ir a la casa, es ir de visita. Ir para allá ya no es paseo, es la vida. Hay un montón de fragmentos que se me quedaron perdidos en estos tres meses, pero de pronto parece que lo imposible toma formas reales. No más La Gordis, no mas modificaciones burocráticas, no más pasos adolescentes en el piso de arriba, el comodín es mío y las reglas del nuevo juego también.

A veces un destino geográfico es el mejor regalo de todos, sobretodo si se trata de encontrarse con lados de un yo que se durmieron porque La Provence era no solo provenzal, sino absorbente y aburrida.

Si me lo hubieran dicho, no me hubiera creído que era posible devolverme al punto del círculo en el que las posibilidades comenzaron, solo que los colores del fondo del círculo me gustan mucho más ahora.

Reconozco que el permiso para la locura a veces me da dolor de estómago luego de tenerlo todo tan estructurado, y a la vez me reconozco mucho más cuando me veo al espejo con la ropa que me pongo estos días.



La carta vino de aquí

jueves, noviembre 08, 2007

Una barra de jabón gastada

Por la calle, se ven cosas insólitas, como su barra de jabón azul que ya se gastó, y no enjabona. No huele. No provoca nadita nada. Ahí ya no duele.
Lo insólito se mira gracias al verde intenso de las últimas semanas. Se aclaran cosas, los silencios dan frutos y algunos cristales se empañan en el camino.
Muevo hilos, y espero. Esta posición no la reconozco.

lunes, enero 02, 2006

Lo que sube como las palmeras cae como los cocos

Repaso número uno.
El 2006 viene como decidido a no dejarme pasar por alto lecciones importantes de la vida. Meditaba esta linda criaturita bajo el sol, la mejor manera (que resultó ser algo prosaica) de venir a contar que andando por las calles del mundo, hoy fui a dar a una diminuta y casi deshabitada isla del Mar Caribe. De puro cabezona, me rehusé a cargar la cámara (como tantas otras veces), con tal de no esclavizarme por lo del momento Kodak. No tengo fotos que enseñar, pero imagínense pues, una islita del país de las maravillas.
Pensaba yo en como cambia la Historia, según el punto de vista... en aquello que me contaban y comprobaba yo con mis ojos, ese pedacito de mundo que fue alguna vez territorio celosamente custodiado por cañones y cañones... por ahí pasó el oro del nuevo mundo, en su largo tragín hacia las arcas españolas... pensaba yo en los piratas cojos con pata de palo, los barcos con tesoros hundidos, los hombres de mar. Pensaba yo en la huella tan fuerte que dejan los seres humanos en lugares como éste, que siglos después siguen siendo zona fértil para los negocios ilícitos.
Mariposeaba yo con mis pensamientos, y me dedicaba a verlos pasar como nubes, que en el mar la vida es más sabrosa...
¿Y qué más puedo decir?
Que en esta Tierra la ley de la gravedad no perdona, y que las cosas -todas, tarde o temprano- caen por su propio peso.
Corrongísima estaba yo con mi bikini bajo el fuego hermoso del sol de la tarde, con mis lindos coqueteos con el yoga y el savasana...
Bien que me lo advirtieron los paisanos, en broma y en serio.
A un metrito nada más de mi cabeza se oyó:

TOC!