martes, agosto 29, 2006

Mi humana no cae de pie


Arrrrr… me dijeron allá en el bosque que pidiera permiso de la editorial para contarlo. Con mucha pero mucha pena me lo dieron.

Ella dice que todo es porque anoche le dio insomnio, y le dio mucha ansiedad de que esté volviendo otra vez, que se sienta cómodo y pretenda meterse de nuevo en su cama.

Dice que anoche vino feliz de sus posturas y de las risas de ella - La Maestra. Y que todo tenía sabor a dulce hasta que habló con ella - Tiro Loco y otra vez regresó a ese lugar donde siempre acaba preguntándose qué es la amistad si no es alegre cuando una recupera la capacidad de ilusionarse y jugar de nuevo con lo posible y con lo absurdo.

Dice también que le duele muchísimo saber lo de ese amigo de años, de años como los años de un niño que ya sabe escribir y leer y va a la escuela, ese amigo que casi siempre ha estado allá, lejos de donde ella siempre respira, pero cerca donde no nos hace falta el oxígeno para existir. Que no sabe como decirle que por favor sea valiente venga lo que venga, tan solo por sus tres hermosos y porque aquí, donde somos sin oxígeno no nos acabamos tan fácil. Que sea valiente, pero que también llore, porque a los valientes también les sale agua por los ojos.

Dice que no ayudó que el vecino se agarrara del chongo con la novia a las dos de la mañana, con portazos y todo. Y que por eso tuvo que tomarse una menta y un tecito de tilo para ver si dormía.

Yo, nada más estoy segura de que sencillamente es muy torpe (y no solo para flirtear). Torpe, muy torpe para moverse. El colmo es que no sabe caer de pie.

Esta mañana, la humana que a diario me alimenta, la que me pone bolitas cada vez que yo digo miau (bien entrenada que la tengo), trató de apagar la alarma que la levanta temprano, muy temprano todos los martes y se cayó de la cama.

Y cayó sentada.

¿Qué como se cae alguien de una cama que le queda grande?
Insisto, es torpe. Yo la vi de reojo, y no me perdí un detalle, desde allá arriba en la comodidad de su cama. Y es inconcebible bajo cualquier punto de vista ¡Baaaahhh! ¿¿¡Tanto hacer yoga para caer de nalgas apenas cuando va saliendo el sol!!!??? Que alguien le aclare que ese NO es el saludo al sol.

Si será torpe mi humana.

A mí en cambio me han hecho la prueba tantas veces. No se cansan de hacérmela. Ni yo de probar que por muy por los aires que me lancen, siempre, siempre, siempre, seré el bicho más agil de las humaredas. Seré la que le enseñe con el ejemplo que la vida es más fácil si uno sabe caer de pie.

He dicho.Arrrrrrr.
(miau)

PD: Este post lo publiqué yo, Pinky en tus ojos, es mentira que lo escribió ella. Es solo que soy nueva en la bloggosfera gatuna y no se cambiar el nombre de quien escribe.


sábado, agosto 26, 2006

El fin de la sequía o el regreso de la estrategia un día a la semana



Es oficial, ese día de la semana se pone interesante. Y yo de repente me siento más o menos así


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No he usado hasta ahora ninguna estrategia. Tengo muchas dudas de que aquella tarea finalmente se concrete por aquí. Ya como dije antes que NO sé flirtear. Y es probable que necesite con urgencia algunos consejos (de cómo una vaca se sacude los moscones, todos menos uno, con el rabo). O mis señales de humo van a ser un enorme fracaso. Según Cianuro, he llevado a este otro lugar todas las ferormonas que allá, donde uds saben, nadie nota… y si las nota no se atreve...porque bueno… allá es allá.

Ando con este cierto ‘susto’ o sensación de 'jeneséquá' que me hace arrugar la nariz… Sé perfectamente esto tiene mucho de lo que se necesita para terminar en una de estas historias de pasmadosjamasbesados S.A de las que hablaba hace unos meses. (Es posible que mi ‘gran’ estrategia tenga todo lo que se necesita para que las historias terminen así).

De momento la única estrategia será la misma que en aquellos tiempos en los que yours trully solía ser vista por los pasillos al fondo de la escuela, con unos jeans muy llenos de barro y esmaltes o en camino a estarlo, una camiseta protegiendo la camiseta de abajo, un delantal, lleno de cuanta sustancia pastosa se le hubiera untado en los talleres y unos zapatos igualmente muy sucios, o en camino a estarlo. Si había que ir a la soda o a las aulas del otro lado a comprar comida o calentar el almuerzo, era posible que me quitara el delantal, la segunda camiseta y me lavara las manos, pero en caso de un día de aquellos de llenazo, pues ni para qué... regresábamos tal cual al taller y ahí comíamos en medio de las pelotas de barro... total, que ya de por sí respirábamos partículas de barro en el aire, y si por accidente comimos un poco de arcilla (agua con tierra) asumamos que fue como los chiquitos que comen tierra a falta de algunos nutrientes...

No porque ocupara los créditos si no porque es un curso abierto a estudiantes de otros énfasis que se da algo así como cada muerte de obispo, matriculé Introducción a la Fotografía ese semestre, el penúltimo de la carrera. Por regla general los cursos de foto son solo para los de gráficas, entonces, con toda la curiosidad del caso, alimentada por 5 años de ver gente salir encandilada del cuarto oscuro a ver los negativos, las pruebas de contraste y las fotos finales, llegué limpia y sonriente a la primera clase (por ser la primera, el jeans estaba limpio todavía). Solo que así permanecí durante todos los jueves siguientes... limpia y esta sonrisa de oreja a oreja.

En el horizonte de prospectos de esta artista a punto de graduarse, cuando vivía metida en un aula muy parecida aun gallinero (lleno de mujeres y con este contínuo cloclocloclocluuuuaaaaaaa de risas y aleteos por 12 horas diarias), se aparecía un nuevo creaturo, nuevito todo él. Cumplía con ‘todos’ los requisitos del momento (se verá que en realidad no había ninguno): Un tipo llegando a los 30’s, que en lo que ahora supongo habrá sido una crisis de melancolía, decidió hacer espacio en su agenda para retomar sus estudios de artes (los de su otra carrera permanecían en el abandono). Tenía lo que nosotros los artistas zaguatones (o acaso acomplejados) llamamos ‘pedigree’: una familia de artistas talentosos en diversas disciplinas, vilipendiados y aborrecidos por unos, admirados y reconocidos por otros. Así que desde el principio, hubo altas expectativas sobre el prospecto y sus genes creativos.

Muy pronto, cuando a las horas de clases hubo que agregar las horas de cuarto oscuro, aparecía no solo limpia, sonriente Y arreglada los jueves, sino que limpia, sonriente Y arreglada los miércoles. Aquel acicalamiento gatuno (al estilo ARRRRRRRRR... según yo y mi coqueteo avanzado) comenzó a ser obvio, para el asistente, para mis compañeras, para mi mamá, para el señor de la soda… hasta para Junior el -archiconocido- conserje de la escuela:

- ‘Ay Humo que bonita que se ve hoy con ese VESTIDO’

¡Vestidoooooooo!... Un vestido yo??? En aquellas épocas.... Síííí, yo comencé a aparecerme con vestidos, hasta con falditas... aquellas prendas tan incómodas para trabajar en el taller, se aparecían rigurosamente los miércoles y los jueves... hasta el labial se asomó por ahí... Tan evidente, tan tan tan evidente fue aquello, que hasta la profesora se dio cuenta y se lo preguntó a la amiga Tiro Loco con una discreta conversación extra clases :$

La estrategia se mantuvo. Logré fumigar a la Pinky Pretty del grupo, una pegoste, casada y que nada aportaba; dije que no había ampliadora para ella los miércoles porque había que reservarles dos a los estudiantes de énfasis. Tiro Loco se inventaba alguna excusa mala y salía por horas... Pero el pasmado de la historia era menso. Y con ganas. Preguntaba lo que fuera y yo explicaba con una paciencia y un compañerismo nunca vistos en mis 5 años de estudios. Salíamos casi a las 9, cuando ya Junior nos echaba, y ese día decidía que iba a llegar a mi casa tomando el bus de la Ruta de San Pedro porque ¿para qué atravesar los peligros de la U desde Bellas Artes hasta la parada de Sabanilla si por San Pedro tenía quien me acompañara a esperar el bus? Podía estar tronando, o diluviando, ahí iba yo muerta de frío, con minifalda en octubre. La mayor ganancia de mi estrategia (de enseñar las piernas) fue que el muy botado pasmadojamásbesado S.A. me invitó a una super cena 'romántica' desviándonos en la ruta a la parada del bus: un pedazo de pizza con coca cola al frente de Ingeniería (necio para proponer una birra en la calle… y yo bruta como para mencionarlo).

El pasmado aprendió donde encontrarme, así que llegaba primero al taller y luego nos íbamos para cuarto oscuro o para la clase. Cuando vio mis cosas (hablo de cosas de cerámica y obra artística) quedó encantado (no es para menos, eran hermosas). Compró varias de las que a mí más me gustaban... Guiñaba el ojo y decía, 'así las pongo en mi cuarto y cuando tenga una novia y la lleve se las enseño' (el chico seductor in progress).

Pero la historia acaba cuando de un momento a otro, el prospecto de besador comenzó a dar muchas muestras de idiotez. O que de tanto esperar lo empecé a ver sin idealismos. El semestre seguía y nada de nada. Me acercaba a ‘asesorar’ procedimientos y ni medio abracito en el cuarto oscuro... ni hablar de un beso... nada de nada. Y las bestialidades que decía iban in crescendo. En una de tantas conversaciones en la banquita del patio me dice: ‘-Ay es que vos sos de las que va a terminar estudiando y haciendo cosas afuera...’ Justo ese día le salgo yo con que me habían escogido para ir un mes al taller Xinia y Peter. Faltaban como 2 semanas para terminar el semestre. Y todo mi interés murió un viernes en una salida de Tragique, Pathetique & Co en la que apareció un besadorpuestoalcamino S.A. que no lo pensó dos veces para concretar el asunto.

El pasmado y yo dejamos de coincidir en cuarto oscuro, pero él igual llegaba a buscar y pedir consejos. Lo más pior fue ver sus fotos finales en la calificación del último día, yo que esperaba tanto... No tengo palabras para describir aquello (la misma autocensura que me hizo guardar ciertos post me lo impide, va y el periódico hace que se asome por aquí mi pasmado o su famila).

Para rematar se queda viendo mis fotos y pregunta ¿y eso? ¿cómo lo hiciste??? Es en la playa, es la foto de una sombra en la arena (que no estás viendo menso?!!!) Ay que buena idea fuiste a la playa y tomaste fotos, qué genial!!! Si, el fin de semana largo de octubre, me fui con Pathetique a Jacó (esa fue otra vez, no la que ya les conté) ¡Cómo no se me fue a ocurrir a mí esa idea!!!!!!!!!!! (y uno pensando que la creatividá le corría por las venas...)

Al día siguiente de eso yo me iba… y en aquellas tierras aparecieron otros besadorespuestosalcamino S.A. … Luego de meses de hacerle ojitos de ternero a medio morir a este pasmadojamásbesado S.A, finalmente yo cantaba que era invierno y llovían los besos...

miércoles, agosto 23, 2006

Sushi night for the three mammas





Así como andábamos, con el calendario al revés y la celebración traspapelada en medio de los trabajos y llamando a unas si el día nos alcanzó, esta humífera creatura convocó a la Humimother y a las Humitías Postizas, la tía Risa y la Tía Cálculos a una cena con el recién aprendido secreto del sushi. La Tía Lina también estaba invitada. Sabemos bien que ella tan vina se moría por venir a ver que era la cosa y cómo se hacía y como se comía. Pero así tenga que revolcarse de la curiosidad mientras nos pregunta y recibe solo respuestas parcas, tuvo que excusarse porque iba para la playa con sus amigotas la misma noche del viernes (sonido de ffffffffffiuhh me salvé!!).

Llega primero la tía Cálculos. Que siempre es la última en llegar… pero la Humimadre confiada en que tenía tiempo andaba entretenida comprando un quesito que no se necesitaba en el super, y su aporte vinílico a la celebración (se le había insistido en que no fuera necia y que no trajera nada… pero se entiende porqué en este hogar de Humo, donde humo fuego siempre cenizas quedan). La tía Risa vino a toda velocidad (la que permiten los buses) cruzando desde las lejanas y cálidas tierras del Oeste. Tan deprisa que una cuadra antes de llegar, bajando la cuesta se despapayó. Y cinco minutos después de llamar para notificarlo esta tocando el timbre.

Las tres han sido amigas de toda la vida. La Humimamá desde los tiempos del kinder había visto a la tía Cálculos, que siempre fue exuberante y revoltosa de personalidad (pero de un orden pitagórico tal… que ordena la refri alfabéticamente). Todas escriben con la misma letra que la maestra les enseñó a copiar hace 45 años. Todas, menos la tía Cálculos, que desde entonces la llenó de rabitos y colochos. A la tía Risa la conoce desde una vez que la Humiabuela invitó a la Risamamá a uno de sus famosos viajes a Tárcoles… en el que a los niños que iban bajo las cajas en la parte de atrás de un jeep los presentaban hasta que se bajaban y se podían ver las caras.

Son de las amigas que se han visto crecer. Que por unos años se dejaban de ver. Cuando no se han contado algo importante, era porque con solo de verse ya lo sabían. Son de las que nunca cuestionaron a la otra con preguntas incómodas que se hubieran interpretado como una violación a la privacidad. Ni siquiera de las decisiones más peligrosas. Son las dos que simplemente aparecieron ahí de visita cuando a la Tía Risa le hicieron una masectomía empezando los 80’s. Son las otras dos que nunca le han preguntado a la tía Cálculos si es cierto que le pesa saberse sin descendencia y con una reputación profesional impecable. Son las dos tías postizas que me atajaron hace un año cuando todo se cayó y pidieron perdón por no haber preguntado nunca nada. Son las tres mammas que son de azúcar… pero que aprendieron el hierro de aquellos días en que la Humiabuela fue profesora de todos.

En sus tiempos no había plata para comprar tarjetas o dijes de oro que dijeran amistad forever. Pero son las tres que parecen adolescentes de 50 años que cuando ven los divinos secretos de la ya-ya sisterhood se pelean por repartirse quien es quien y quien va a ser la viejita que ande jalando su tanque de oxígeno.

Y cuando están las tres, mi hermana y yo, callamos y reímos.

Que las historias de la mamá de tía Cálculos. Una viejita muy pero muy muy coqueta, que cada día camina menos pero que no sale del cuarto sin sus chapitas. Que tiene 20 llaveros escondidos en las bolsas de 15 sueters y pantalones diferentes, porque la viejilla mañosa está totalmente segura de que todos le quieren robar sus tesoros. Entonces usa esta dinámica (con noventa y tantos): 'A vos que te tengo confianza, te pido que me ayudés porque sé que no le vas a decir a nadie. En el ropero hay un suéter negro… pero no el cerrado, el de botones. En el bolsillo inferior derecho tiene una llave. Tomá la llave y vas a abrir la 4ta gavetita del mueble de la sala... Ahí hay dos llaveros.. pero cogé solo el de la tirita negra… el otro después te digo que abre. Con el de la tirita negra abrís la cajita, el baulito que está debajo de mi cama. Ahí hay una llavecita pequeña…' y cuando va por aquí la viejilla sigue sabiendo perfectamente qué llave abre qué, pero la hija ya olvidó que era lo que andaban buscando.

Que si no es un abuso como trabajó la tía Risa y como ahora pensionada tiene que viajar desde La Provence a las lejanas tierras del Oeste para cuidar a la nieta… pero ella dice que no es nada, que prefiere ayudar a ver a la hija contratando empleadas desconocidas, agresoras o niñeras de ninguna reputación como todas las que ella hizo pasar por sus hijas. O peor aún, recuerda con culpa (y cierta risa) lo que ella hacía allá en sus días de madre primeriza y asalariada. Se iba al trabajo y mandaba a su milagroso retoño de 3 meses con el chofer del bus que la acomodaba y la llevaba de Provence Dountoun a Provence The Suburbs donde la atajaba la abuela paterna en la última parada.

Que solitas, ellas 3, gritan y hacen más bulla que cualquiera de mis fiestas ‘multitudinarias’ y yo siento que en cualquier momento entre vino y vino va a bajar el vecino de arriba y los coreanos de al lado para tocar la puerta y preguntar si pienso alguna semana dejar de meter decenas de personas gritonas a la casa o hablar al nivel socialmente adecuado de decibeles. Que si Serrat ( y las tres babean), que la próstata, que si sus canciones cantadas por cubanos. Que si Raúl, que si Fidel, que si fue una colostomía como la del Humiabuelo.

Que con el sushi quedan encantadas (mucho danke por enseñarnos amiga en tierras escocesas). Pero todas comen con tenedor. Al cabo de mucho sushi les pica la curiosidad y empiezan a practicar… las dos tías logran llevarse un pedazo a la boca con todo y salsa de soya… Y la Humimother parece Humo cuando era niña y lloraba por su Chancho Rosa.. y se excusa como siempre, diciendo que ella es zurda y que los zurdos son torpes… y la Humisis le saca su mano que también es zurda y le explica desde su zurdez… y nada.



Hasta que finalmente les recuerda a las dos que todo fue culpa de la Niña Arbu. La Temible Niña Arbu se manifiesta casi cada vez que se reúnen. Era tan temible y abominable, que aunque era vecina, la tía Lina, que siempre fue ideática, prefería darle la vuelta a la cuadra con tal de no pagar el precio de caminar en una cómoda línea recta y toparse a la Niña Arbu meciéndose en el corredor. La niña Arbu… con cuya silla de ruedas se topó la tía Lina hace dos años en un asilo. Adulta, toda una ilustre pediatra, hasta pasada por Harvard, la Tía Lina casi sale corriendo del susto al ver escrito aquel nombre en el respaldo de la silla (si se quedó para ver.. fue solo por lo que ya sabemos… porque es una gran vina y no hubiera podido vivir con desaprovechado la oportunidad de contarle las arrugas a la Niña Arbu).

¿Qué fue aquello tan terrible que le hizo la Niña Arbu a mi mamá? Algo tan maquiavélico y temible como mi Chancho Rosa robado por Lej Policía… La Niña Arbu, que dibujaba precioso con sus tizas de colores en la pizarra, regañó a mi mamá cuando no supo copiar con precisión sus trazos y le dictó condena perpetua a cierto grado de torpeza motora fina porque era culpable de NO SABER DIBUJAR POLLITOS!!!!!

Entonces entiendo, porqué mi mamá casi llora de la emoción y el orgullo aquella vez a mis 6 años, cuando gané un super premio de preescolar con mi obra maestra:

Título: ‘Pollito’
Artista: Humo en tus ojos
Fecha: Oct 1983
Técnica: mixta, integración de materiales plásticos (cáscara de huevo picada, algodón y pintura muy amarilla en una obra de proporciones áureas)


… Ella que no sabía hacerlos, logró de algún modo vencer la genética y engendrar dos que podían dibujar pollitos de concurso….




A veces así es como se tienen que ir las noches de viernes. Entre risas, cálculos maquiavélicos, culpas añejas, recuerdos, asomos y secuelas del terrorismo pedagógico.

Y el cariño de seis manos de cincuenta y tantos, que con tal de probar que sí se puede y que no hay peor intento que el que nunca se hizo, no han dejado pasar un día sin batallar contra sus propias torpezas.




domingo, agosto 20, 2006

Lej Policía y el Chancho Rosa



¿Cuándo aprendimos lo que era estar tensos? ¿Cuál fue el primer episodio de consciente de estrés? ¿Cómo se sintió aquella primera vez que algo nos dio ansiedad? ¿Es cierto que fue en aquellos meses, cuando llegó el borrador de lápiz a la cartuchera??? El borrador venía con un intangible: la necedad de que todas las líneas deben estar bien trazadas… ¡Mentira!!! La vida está llena de líneas torcidas, y se dice que Dios –si existe- escribe recto en renglones torcidos.

Pensaba en aquella tarea de tercer grado que no me daba la gana hacer por puro berrinche, de cómo me obligaron y como odié aprenderme el ciclo del agua y como yo que era feliz dibujando, odié dibujar para esa tarea (fue la única de toda la escuela que me alborotó lo belicosa, ignoro porqué). Mucho antes, una vez (yo confieso ante ‘blog’ todopoderoso) me hice pis del susto en la clase… porque la ticher de inglés era temible y exigía que pidiéramos permiso para ir al baño en inglés. Yo, ni sabía decirlo bien, ni entendía como pronunciar esos sonidos… con costos le podía seguir el tren a la cancioncita, transcrita ahora sin faltas de ortografía:

“Heeeaaaaaaad, shoulders, knees and toes, knees and toes!!!”

Tiempos aquellos cuando uno estaba en el kinder… y todo era bueno… Y… y… mentira… ¡Mentira también!!! ¡Mentira! ¡Mentira! ¡Mentira todo! Mis primeros episodios (estas tres palabras originalmente iban en singular pero recordé, e irá entonces en plural) de estrés infantil consciente fueron en el kinder, cuando era muy tímida y llevaba desde el primer día la contabilidad de mis dos amiguitas, cuando era feliz todas las veces que podíamos pintar y jugar con las formitas en el ‘mantelito’ (cuando había que cantar no tanto, porque ya todos se sabían las canciones y yo no).

La Niña nos cambiaba constantemente los lugares en las mesitas para que nos conociéramos todos y fuéramos felices… ¿felices??? :S Hasta que llegó este día en que me tocó a mí lo que a ninguno le gustaba… sentarse en una mesa que no era un grupo… ¡era una parejaaaaa!!! Y nadie quería y todos refunfuñaban porque era aburrido y si te caía mal el de enfrente no había nada que hacer más que aguantártelo TODO el día (cuando todo el día tal vez duraba 3 horas). Entonces la elegida esos días fui yo…. Y quedé emparejada con Lej Policía.

Ahora, que algo puedo hablar de Pedagogía, creo que losétodo. Todotienesentido. La Niña le estaba metiendo un diez con hueco a Humo. Lej Policía era seguramente el mocoso más insoportable, el más insolente de la década. Un chiquito mimado de alcurnia con el que no hallaba que hacer –porque de fijo era de estos que la mamá piensa que son perfectos y que la inútil era la maestra, y en todo lado que lo pusiera daba lata, y lo ponía solo en el rincón y era peor, y si lo sentaba con un grupito de cinco se quintuplicaban las malacrianzas. Pero un día ¡le llegó la luz!!! ¡Eureka! ¡Eureka! Sentémoslo con Humo que es tan calladita y trabaja tan bien y todo le queda tan bonito!!!

Y ella tan feliz por una idea tan genial y yo tan triste que salía al recreo luego de merendar sin ganas… y la que era mi tercera amiguita empezaba a jugar conmigo de darnos las manos y dar vueltas en círculos hasta marearnos y caer mientras gritaba justo antes de soltarnos: ¡HUMO TIENE NOOOVIO HUMO TIENE NOOOVIOO! Y Humo regresaba del recreo con lágrimas en los ojos… Las mismas que le llevé a Humimamá a la casa cuando le conté que I., el hijito de 6 años de su jefa, había dicho que cuando fuera grande se quería casar conmigo!!! Y ella en vez de tomarme en serio mi drama infantil, mi angustia de verme en un matrimonio arreglado desde los cinco años, se reía pensando el absurdo de resolver con una boda cualquier tribulación económica futura. Si las bolas de cristal funcionaran, le habría dado un soponcio al ver esa familia en medio del escándalo que inaugura la historia del siglo XXI en país de las maravillas, habría salido corriendo a jalarle las orejas a I. por tener la lengua tan larga y a solicitarle a su sabia madre que le enseñara a I. a guardarse la majadería y no andar suelto anotando puntos para tener futuro de acosador.

Pero lo peor, lo más bochornoso, lo más aberrante de haber tenido que compartir mesitas con Lej Policía, ocurrió después de dos semanas de dedicarnos a pegar pedacitos de papel periódico a un globo inflado para hacer un chanchito, luego de que yo desplegara todo mi genio pictórico y mis virtudes técnicas para embarrar el mío con un rosado de total y absoluta belleza (sí… desde entonces hay una chica Pinky que vive en mí), el infame de Lej Policía se aprovechó (bien que lo debe traer en la genética, eso de sacar ventaja del prójimo) de un descuido de La Niña, que con 30 mocosos inquietos, sofocados por ver acabado su chancho, no distinguía las iniciales de ninguno, y osó confundir MI Chancho Rosa, con la porquería que le salía a Lej de sus manitas. Entonces yo que nunca hablaba, protesté, y dije: ‘Niña es que éste no es el mío. El mío es lindo. Éste esta horrible. Está manchado. Y vea, está chueco y torcido, y se le van a caer las patas, se desinfló por dentro y esta arrugado. El mío no estaba quedando así’.

Con 29 años estoy segurísima que ella lo sabía perfectamente, y queriendo darme mi primera lección de terrorismo pedagógico, una lección de vida espantosa, cruel y a largo plazo, se aguantó; aceptó la complicidad de la sonrisa sarcástica de Lej, pensó en la cara de amenaza que le podían poner los curas si otra vez había que llamar a los papás de Lej... esa gente tan importante, molestándose por un chancho de papel. Entró en modus operandi ‘desperate tichers’ y solo dijo: '¡Lej, apúrese que tiene que llevarse eso terminado HOY!!! ¡Humo, trabaje, termínelo! Se le estalló porque se descuidó y no lo hizo bien. Vea el de Lej que como va a quedar acabado pronto!!'

Y mis ojos abiertos, muy abiertos, incrédulos muy incrédulos, porque esa sería mi primera evidencia de que la justicia inmediata no existe cuando quien tiene que repartirla sigue las leyes del atropello y la conveniencia propia. Y Lej, sarcasmo y sonrisa: 'Vio Humo, ya le dijo La Niña, ud. se equivocó. Este es mí chancho :P'.

En el busito, que manejaba el abuelito del barrio, todos iban felices con sus chanchos de colores… y preguntaban porqué el mío se había desinflado… se veía tan raro mi chancho rosado con arrugas. MI chancho rosado que no era mío. Mi chancho arrugado también era rosa, porque Lej me había copiado, tenía mi inicial, que no era mía sino de Lej que habia pintado su inicial (que es la misma que la mía)… porque no sabía pintar flores tan bonitas como las mías. MI chancho rosa… con la inicial de mi nombre. Con la inicial que yo todavía no sabía hacer. Solo la podía reconocer y podía decir que estaba fea, manchada y torcida. Otro niño en el asiento de atrás entendió mi cara y mi actitud de niña con sus derechos abollados, me tocó el hombro y me dijo bajito: ‘A mí también me lo cambiaron’. (por lo menos… no fui la única víctima del terrorismo pedagógico del kinder).

La Humiabuela me recibió en su casa con el abrazo de todas las mañanas de kinder, y dijo, lo ella creía que tenía que decir siempre, que mi chancho era precioso. Y yo lloré y lloré sin poder decirle nada coherente. La Humimamá llegó de noche… y llorando y llorando les conté a las dos cómo me habían robado mi chancho rosa y en su lugar me habían dejado al desinflado cuyo único posible destino era el basurero de la cocina. Humimamá prometió ayudar a hacer otro… pero no era lo mismo… el globo era más pequeño, se desinflaba, no habia suficiente goma y en casa no tenía tanta pintura rosada. Mi Chancho Rosa, el Hermoso, terminó sus días en casa de la familia Policía, que seguro se sorprendío de los progresos en la concentración de Lej, que unos días después debe haberlo aplastado con toda la crueldad que le cabía.

Lej Policía creció y siguió en el colegio de curas hasta sus primeros años de adolescente. Se convirtió, como se espera de todo muchacho de alcurnia en colegio fino, en uno de los galanes de la generación. Siguió siendo un insolente que nunca desaprovechaba la oportunidad de presumirnos las tenis ultimo modelo que le compraban sus papis (o él mismo) en la Yunai y le arrancaba suspiros a todas las que se negaban a ver que debajo de ese rostro de perfil perfecto y eterna sonrisa sarcástica había un patancito de potencial dantesco. Con 13 años hacía fiestas privadas en su casa, sin papás ni hermanos mayores… a los que no íbamos nos llegaban todo tipo de rumores y chismes. Llegó un día en que para los curas 9 años con Lej Policía fueron suficientes… Para no dañar la dignidad de una buena familia, nos dijeron que había decidido ir a otro colegio que le gustaba más (de casualidad era uno que todos sabíamos que era más fácil, pero con más disciplina militar que la de los curas).

Ayer, allá donde respiramos, cantaba con la Sirena, con la gringa de misiones interesantes y ese que a veces nos visita sin decirnos ;) Y escuché una voz atrás de nosotros. La voz que se robó Mi Chancho Rosa salía de un cuerpo rechoncho y fofo para pedir una cerveza cruda. La voz vio mis ojos de humo, los reconoció e hizo lo que le dictan las leyes de etiqueta y protocolo a quien pertenece a una familia de tanta clase y distinción: devolver unos ojos que miran con displicencia, examinar de pies a cabeza el cuerpo que me aloja e ignorar cualquier pasado común.

Adentro de mis ojos de humo pensaba que de todos los lugares… ese era el más raro para encontrarlo tanto tiempo después, si al chancho con lo que le crían, y lo que cantábamos era justo lo que nunca fue, lo que no le dieron para crecer y todo lo que dudamos que sea hoy, algo no iba a calzar. Supongo que debe haber pagado por pagar, por pasar el rato donde sea, habrá bebido un par de cervezas en la barra mientras nosotros cantábamos la siguiente canción a todo galillo. Después de eso se esfumó como se esfuman estos fantasmas cuando se dan cuenta que su compañía es absurda allá donde respiramos y cantamos con los hermanos.

La siguiente canción era esta (que en vivo, con ellos dos, es un espectáculo).


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Pd: lo pensé mucho para subir la canción… porque el Perro siempre pide que no lo pirateen… pero bueno, yo compré el cd, así que espero me perdone el detalle. Si no, pues que se manifieste y lo conversamos! ;)
El price winning chanchito rosado superhéroe, me lo encontré aquí


lunes, agosto 14, 2006

Pequeño delirio erotómano de ojos negros… muy negros…



Tiene los ojos negros muy negros que ponen atención (como si mis Palabras fueran a llevarle algo de luz). Una Muy Mujer sin Miedos diría que es un guapísimo con esos ojos oscuros muy oscuros. Y las cejas intensas, como intensa es esa sensación de desarraigo que trataba de describir con unos argumentos que comenzaron allá Adentro y terminan allá Afuera donde nadie es nada. Lejos, muy muy lejos donde nunca ha estado. Lejos donde no puede llegar mientras su nombre le augure un laberinto infinito de negaciones para moverse. Lejos donde nacen esas fotografías espantosas con cuerpitos niños mutilados que nos llegan allá donde respiramos. ¿Nos llegan realmente? ¿O será que solo las miramos con ojos algo tristes mientras el mismo cuerpo dueño de esos mismos ojos se lleva plácidamente otra cosa que masticar a la boca cuando ese cuerpo ya se alimentó y solo responde al deseo perverso de acaparar más comida que no necesita?

Yo, que no pretendo hacer nada con esas sensaciones, haciendo de tripas corazón disertaré un par de semanas más sobre la identidad… jugando a ser la de voz esmeraldatriz. Encarando lo estúpido, bailando la payasa con el absurdo y el cliché, me toca disertarle de crisis de identidad. Hablar de nuestra ‘supuesta’ nada a quien no tiene una ‘supuesta’ nada. Tiene una Gran Nada que llena con las historias de sus abuelos y sus padres, con las lágrimas de su mamá cuando ve las noticias del miedo, y con los horrores de las bombas que caen mientras él –‘por dicha’ dice… como si de verdad fuera uno más de nosotros- puede respirar allá, Adentro. Su Gran Nada está llena de cosas, tan llena de deseos y suspiros contenidos que yo digo que es más plena que cualquiera de nuestras suposiciones.

Su Gran Nada no es teoría. Es de un vacío infinito (contradictorio y lleno de cosas importantes). Es hermanita de aquel miedo que nos vino a visitar en el post anterior (quiero mis dientes de lobo para poder masticarla).

Quizás debí llamarlo de otro modo.

"O de mis crisis de autoridá" (urgen esos dientes afilados de bestia). De cuando un día escriba algún numerito y le ponga la firma, en nombre de la ciencia y la objetividad … de mis ojos que no son tan negros…

Tan Negros.


Nota: Para quienes lo ignoren, según Wikipedia la erotomanía es esto.
Y para los que quieran un ejemplo más visual, o cinéfilo, recomiendo ver He loves me... He loves me not (2002), donde la erotomanía fue la causa de la institucionalización de Angélique (Audrey Tatou).
Y si la vieran, no vayan a asustarse... que todavía no estoy tan chocha!
(¡Por algo dije que era pequeño!!)

Nada más... bueno sí.

Esto más cantaría yo.


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post post post data: Para iluminar el entendimiento de mis 4 lectores (o de mis 4 lectores que se manifiestan confusos con un post encriptado, porque si hay más, no se han manifestado visiblemente allá donde respiro)... les recomiendo darse la vuelta por aquí (si pudieran ir
cualquier día de estos, literalmente a darse la vuelta... mejor)

post scriptum para los lectores viejos... por razones luegamente entendibles desabilité ese link...

jueves, agosto 10, 2006

Los dientes, el muuu, y el miedo in-muuuu-ndo



Esta otra que ya no es La Ticher si no La Maestra, habla de la dicha de ser sabio. Que no es para saber más que otros, si no para usarla en construir la sensatez. Habla del miedo y de cuánto nos creemos que todo lo hacen los ‘otros’ por el placer morboso de hacernos daño. Del egocentrismo de creer que los demás actúan porque sus vidas giran alrededor de la nuestra. De que se trata de estrategias de sobrevivencia que se diseña la gente. De la sumatoria de acciones congruentes e incongruentes que se alimentan de temores grandes y pequeños.

Ella hablaba. Y yo me acordé de su estrategia… aquella de ir fabricando una herida tras otra, una mentira tras otra porque si no se muere de lo poquito que se soporta. Y aunque me de lástima y lo mire con ojos patéticos, aun no se desvanece la rabia. No todo es compasivo en este corazón.

Porque hay algo que aún no escupo. Como cuando uno está enfermo, pero feliz porque ya casi se cura, aun sabiendo que para curarse hay que vomitar una vez más. O tal vez esto que aún está conmigo se parece más a llevar por dentro los tormentos y los alaridos de un bebé cuando le van a salir los primeros dientes.

Y a la vez siguiente ella La Maestra habla más. Otra vez el miedo y como allá donde respiramos lo único que viene seguro es La Muerte que observa cada minuto… y uno que pone a funcionar su fabriquita de ansiedades mientras ella La Muerte sonríe con los dientes muy blancos y afilados de una bestia de pesadillas (cuando sea grande, yo no quiero ser una bestia horrible, pero sí quiero que mis dientes sean como esos).

Sigo intentando pararme de cabeza sin la pared, pero ella (ella La Pared, o ella La Maestra) es aún quien me sostiene mientras yo sin dientes mastico y aúllo el miedo de no saber hacerlo bien. Y ella La Maestra ríe y nos cuenta de las miles de veces y las miles de formas en que cayó aparatosamente.

Cuando ya el sol está muy nacido, contesto con voz adormilada, y escucho sin saber como encontrar Las Palabras. Porque a este miedo hay que agarrarlo de las orejas. Porque a este miedo lo tenemos que conversar. Este miedo no está pintado en la distancia. Este miedo no es teoría. Este miedo es de verdad, y no se espanta con un coletazo de vaca que dice muuu para quitarse las moscas.

Este miedo in-muuuuuu-ndo, que ninguna invitó, se sentó con nosotras desde aquella primera noche. Y entre las tres, y todo aquel que sepa trazar líneas le vamos a dibujar un mapa, a ver si así lo escoltamos a la mierda, donde debe permanecer.

Los que quieran que discrepen… pero para mi el miedo es lo que acabo de decir. Un desecho. Y los desechos, o se entierran o se reciclan. Dejarlos ahí, es dar permiso para que se acumulen y se vuelvan un estorbo para vivir… allá donde respiramos… allá donde todos queremos vivir sin miedos… allá donde voy a tener dientes que a lo mejor son blancos y afilados…

miércoles, agosto 02, 2006

Vale por un recolectando



Ayer se veían por las calles del mundo, muchos, muchos pies desplazándose de A a B. Muchos, muchos pies que se supone, se iban moviendo con la misma fe que mueve montañas. Y yo que nunca he dado todos esos pasos, porque mi fe me la como diferente me preguntaba: ¿¿será la misma???…

Vi gente y gente y gente y gente… y veía gente cada vez que salía a la calle… y vi cada cosa de antología, que por eso la traigo.

Hay alguien que dice que yo soy una mujer de fe. Hay por aquí, adentro de mí, una mujer que prefiere no serlo, si fe significa cosas como:

Un caminante, que no se bastó con el trabajo de dar miles de pasos para llegar hasta allá. Los dio todos cargando una cruz. Y no me refiero a las cruces simbólicas que todos cargamos por la vida (¡¡Ayyy! ¡Ah la vida!!!!)… esta era una cruz de verdá, más grande que él, con dos palos grandes, clavos y todos los kilos que tuviera que tener, que en el camino se hicieron cada vez más y más pesados.

Una mujer caminante… que no se bastó a sí misma en su promesa. Dio sus miles de pasos, y se hizo acompañar de un niño en medias que ya muy adolorido se apoyaba en un palo con cara de crucificado (lo ‘vide’ yo con mis propios ojos, que hicieron ¡Plop! como los de Condorito)… y luego me entró la duda… el episodio bien daría para un caso de abuso infantil.

Cuando media hora de avanzar a 5 km por hora fue suficiente, me fui con mi fe por otro camino… que a mediodía regalaba un paisaje lindo, lindo, lindísimo. Solo hizo falta tener un sanguchito, una manzanita y un mantel a cuadros, detenerme en un potrero, cortar flores silvestres con una elevada dosis de romanticismo mientras pensaba lo que iba pensando…

Que qué suerte que todavía, si uno sabe dónde tomar el desvío, existen rutas alternas para los que tienen una opción de fe que se interpreta, se mastica y sabe diferente…

miércoles, julio 26, 2006

Cambio promesa de ámbar por una semana más antes de los próximos 365 días



Las vacaciones no alcanzaron… tanto que hablé, y al final pasé tan ocupada, tan entretenida y tan feliz que cuando me di cuenta ya era domingo y al día siguiente ya no había más de lo mismo. A pesar del pánico que les tenía no hay quejas de ellas (salvo que no alcanzaron). Me reí hasta el cansancio y me curé en salud de los 11 votos provenzales. O por lo menos me inmunicé unos cuántos días.

Hasta fui a tomar un café a la casa de Sapa de Oro. En medio de sus tenis y sus posters, sus novedades -diestra y siniestra- de silicón, dio pruebas de lealtad más amplias que las de otros personajes de mejor reputación en este blog. Me lo contó todo… y creo que de ahora en adelante ella nos cae bien (mínimo, tanto mejor). Ya no nos gusta don Limón Agrio… ya no nos gusta (nunca nos gustó pero ahora menos) La Gordis… ya no sabemos si le gustamos al Serafín (pero todo pareciera indicar que nos tiene un tema e ignoramos cuál es)… no sabemos si nos gustan los D… ya no sabemos si la Secre es de fiar. Lo más triste: ya no nos gusta La Bru, y no estamos seguros si nos gusta don Gui. Dicho por el Señor de La Ley, el solidarismo provenzal funciona solo para la plata y para las fiestas. Por lo demás cada uno jala para su saco. Las próximas 15 semanas yo soy una vaca ordeñada. Como quiero poner más energía en otros lugares, es probable que por un tiempo algunas cosas no vuelvan a aparecer por aquí…

Tantas actividades de curación para todo eso… pero igual me faltaron días. El plan para acabar con las paredes blancas y tanto minimalismo comenzó hasta que llegó ese último domingo. Faltaron tejidos, faltaron pelotas de barro, faltó gente, faltó ver el mar.

Ahora que todo se me va juntando, que todo se va viniendo encima, más falta hace para alcanzarme a mí misma la semana que no existe. Hay tanta cosa nueva que asimilar antes de que comience mañana que se me aclara en qué consiste mi deseo imposible antes de soplar el siguiente numerito… tiene 7 días extras y 168 horas…

Digo yo que me hacen falta, porque tal vez antes de empezar los próximos 365 días debería tener más claro cuál y cómo es el plan que cambió con 11 votos (o con solo 7, dicho de otro modo)… aclarar si el plan es para llegar donde los disiduendes… si el plan es para tomar en serio lo de volver a ser estudiante (y si es así dónde y en qué)… o si el plan es para abandonar sin pena ni gloria y para siempre La Provence y las almas manidas.

Digo yo, porque no me abandona la sensación de que en 3 horas y media inicia un ciclo que no parece dar mucho espacio para dar pasos en falso (y entonces tal vez ayude mucho el yoga). Un ciclo que debería abandonar temas perdidos y abrazar otros.

Digo yo que tal vez haya quien quiera hacer el negocio chueco de llevarse lejos muy lejos una promesa de ámbar que me saluda desde el desorden de mis pulseras, hueca como una pelota, muerta antes de cumplir un año, presumida marca de un año diz que alucinante, y darme 7 días extras y gratuitos, llenos de cosas para reír, para curar, y tal vez para responder un par de preguntas importantes.

Digo yo... que esto no lo iba a escribir con agua, y que se supone que estoy bien, y hasta contenta... Que llego con la lengua afuera y muchos nudos en los hilos. Y que por eso quiero que de algún lado, a la medianoche, se aparezcan 7 días más antes de que comiencen a felicitarme por esta nueva vuelta alrededor del Sol.


domingo, julio 23, 2006

Postmoderno y felino favor (o para Mamá de Simona)

Querida Mamá Sirenita:

¿Cómo te fue allá en aquel Puerto donde tuviste que ir por unos días? Se te veía una cara antes de irme… Espero que ya se te hayan quitado los dolores. Yo estoy bien, te escribo para que no estés triste allá en tu cuevita submarina. Espero que estén todos bien, no te lo niego, les extraño muchísimo (a todos menos a la Gata Ñata esa… es una fea y como siempre dijeron ellas:’No nos gusta’).

No quisiera que te preocupes por mí, te lo prometo que voy a estar bien y me cuidaré lo mejor posible. Te recuerdo que nosotros los gatitos tenemos 9 vidas… y si contamos que yo tuve una antes de que me tiraran al botadero cerca de donde me recogiste y la vida submarina que he decidido abandonar pues apenas comienzo la tercera con grandes ímpetus de comerme al mundo.


Tampoco puedo decirte donde fui, ni cómo ni porqué. Porque me metería en un gran problema. Tampoco puedo decirte si voy a volver. De momento, como dijo la Tía Humo, ‘lo ignoro todo’ (o sea que no sé nada, pero lo intuyo todo). Ya que conoces y he oído que hablas bastante de la Blog-Ética imagino que entenderás que nosotros también tenemos en nuestro felino universo, códigos secretos que nos es imposible revelar a otros mamíferos por muy amigos nuestros que sean. Recuerda lo que me decía mi mamá Simona allá en mi pueblo:
"Curiosity killed the cat but satisfaction brought him back"

Lo que si te repito, es que estoy bien donde estoy. He caído de cuatro patas una vez más y no me he roto ningún huesito. Tampoco creas que desprecio el lugar donde estás. Nunca dejaría de deslumbrarme todo el glamour y las creaturas habitantes y visitantes de tu vecindario. Lo recordaré siempre con cariño, con ese nombre pomposo que le tiene el Tío Cianuro… L.D.P. Hight’s. De veras, no ha sido nada personal… ni siquiera ese despiste de haberme confundido con un niñooo, ponerme nombre de niño y no ver lo evidente hasta semanas después. Con la única que si es personal, es con la Ñata… pero ya va a ver que quien ríe de último ríe mejor.

Más bien, te debo las gracias por hacerme una mujer… una hembra cosmopolita. Cuando todo iba a ser desgracia para mí, me enseñaste que el mundo puede ser más grande que La Cruz, que el mundo tiene muchos mares y que la vida alcanza para visitar miradores y balcones maravillosos con vista a todos esos océanos. Me enseñaste las reglas de la vida en sociedad, me diste comida de bolitas que tantísimo sí mucho mucho nos gusta, y aunque, no te miento, por ahora no extraño hacer chis allá en mi fuchi, estos meses han sido muy importantes para mí...

Ojalá perdones todas mis travesuras y las cosas que te rompí y desarmé… en mi defensa solo puedo decir que fue sin querer queriendo…


Por favor dile a la Tía Humo que llevo sus palabras presentes, que no he olvidado todas estas conversaciones sobre mi coso, el coso de otros, los cositos que nos salen por debajo de la barriga cuando jugamos demasiado con un coso y una cosa… pronto lo resolveré para que no se diga de mí que no soy astuta y que no puse de mi parte en cuestiones de control de natalidad.


Dale todos mis cariñitos a nuestros amigos, los del Comando Marañón, los discípulos, a tu santero personal, a la O.Y.A. Prometo que voy a recordar todo lo bueno (y alguito de lo malo también es bueno) que me enseñaron.


Me despido haciéndote mucha maraca… de esa que me sonaba y me purruteaba por dentro cada vez que estaba rebosante de felicidad, de pelos y de cariños.
Que estés tranquila, y que nunca nunca dejes de practicar el gatismo confeso. Necesitamos más gente así,



Tu -ya no tan- Pequeña Simona



pd: hay otra cartita, esa te la mandé al último bosque con el cartero que siempre ha sido nuestro amigo...


sábado, julio 22, 2006

El vaso de agua fresca

Tripaseca llega a eso de la hora del almuerzo. Mientras espera a que el Cuajinais termine su negocio, pasa a la cocina a servirse un vaso de agua (al fin y al cabo como lo dice su nombre, él tiene la tripa seca y debe humedecerla un par de veces al día).

-¿Cómo están? ¿Aquí siempre hace tanto calor???
-No. Aquí nunca está así. Ayer llovieron sapos y culebras.

(esto lo respondió con un dejo de molestia aquel que ya se aburre de estas conversaciones huecas que hablan del clima por hablar de algo y de paso aprovechan la mala reputación del clima de la zona para hacer sus notables ‘observaciones’).

Es nuevo, está nerviosillo y seguro quiere dar la impresión de que es un chico muy cool y muy fresco que no tiene nada que ver con un tal Tripaseca y su reputación. Un bohemio saludable que en mediodías calurosos se sirve un vaso de agua para hidratarse la barriguita. Entonces quiere sacar un vaso de cartón de los que se guardan para cuando llegan las multitudes de sedientos…hasta que alguien le avisa:

-En los estantes del mueble hay vasos de vidrio para servirse agua.
-Ah pero seguro son de alguien.
-Si… son de todos. Propiedad colectiva le dicen… O sea, que son de todos pero no tienen dueño. Entonces cualquiera los puede usar y lavarlos después.
-Si vea, ahí en el fregadero acabo de poner uno recién lavado. Puede agarrar ese si le da pereza abrir el estante.
-Ahhhhh… y yo iba coger un de cartón…. Eehhh….mmm… bueno ya cogí este, ¡gracias!

Coloca el vaso como él que lo ha hecho mil veces, levanta la manija roja y espera. Alguien a quien no se le escapa una, y que le observa desde el otro lado de la cocina le dice:

-Eh, ¡Tripaseca! ¡Esa es la manija del agua caliente!!!

Los tres comensales ríen bien quedito por dentro, para que no se ponga más nervioso… ¡no sabían que un Tripaseca se saca el calor con agua caliente!

Y aquel inmediatamente quita el vaso, cierra la llave y abre la del agua fría, viéndose observado y descubierto en su pequeña bobada… la primera en este nuevo lugar, se justifica como los niños que no aceptan perder:

-Ah no… es que de este otro lado sale muy fría… entonces yo las combino… ¡y hago agua menos fría!!

Y a ellos tres se les mira un ¡Eureka! muy cuadrado en los ojos, que no dejan de sorprenderse con esta nueva elección de los que dicen saberlo y poderlo todo…




Esta historia está patrocinada por el venerable ingenio del Buen Hermano Pablo, quien no por humilde y sencillo pierde la malicia indígena. A quien suscribe la Humiabuela no la dejaba ver ni el Chavo ni Chapulín Colorado. A ella que le costó tanto estudiar y formarse, aquello le parecía el acabose de una idiotez que podía ser contagiosa, y montaba en furia si descubría que alguno de sus nietitos aprovechaba sus descuidos o sus ausencias para encender el tele a ESA hora y en ESE canal… Cuando hablaron del Cuajinais, el Tripaseca y el Peterete, hubo que pedir explicaciones que generacionalmente pueden ser vistas como algo inexplicable (se entiende ahora porqué cuando quiero decir ‘que no panda el cúnico’ lo digo bien y me paseo en todo...)

martes, julio 11, 2006

Yo ya sé (del desamor en los tiempos del VIH)



¿Por dónde se empieza a escribir un post de orígenes oscuros???

¿Diciendo que hay momentos en los que se agradece vivir en un país tan chico… tan chico como que pueblo chico, infierno grande… o lo que es lo mismo… en donde no hay nada oculto bajo el sol?? Sin saber si digo que es una dicha o una gran lata, mejor les digo la verdad: este post se lo debemos a la mala reputación de Lord Voldemort, "thy who shall not be named" y a los paladares de lengua viperina y atinada que me la trajeron con el tiempo.

Fue mi amiga con cola de pescado la que me habló de esta iniciativa y desde que me contó pensé que sí. Que yo me apunto. Que yo escribo este post aunque no sepa muy bien como hacerlo. Porque bonita o fea la historia que haya detrás, es COOL saber.

Y



Porque me llegó un día de abril, en el que ya no quise saber más que esto:



Porque ya para qué… Ya para qué saber otra cosa más. Me cogí todo el paquete que me ofreció el Innombrable… incluyendo la pintura de un pasado que no pasó como me lo dijo, sino como se dibujó cuando accidentalmente se contrastaban sus copias por aquí y por allá.

Digamos que previamente yo podía confiar en la salud y el pasado sexual de mis parejas sin otra garantía que la palabra y su –supuesta- sensatez para conducirse como personas honestas. Ya no va a ser así con quien que siga. Aunque duela tanto lo que hay detrás de este otro paso hacia las responsabilidades de la vida adulta, consecuente hasta los calzones con lo que creo, quizás debería estar agradecida y hasta alegre por haber perdido, al fin, esa candidez. En estos tiempos de amor, des-amor y VIH; tener la certeza trae mucha paz al cuerpo en que se habita.


En mi caso, para que se rían mientras toman el impulso y para ilustrar qué tanto más complicado que mi yo consciente es mi inconsciente, les cuento de otras consecuencias que tiene esto de la prueba de SIDA. El Comando Marañón tiene permiso para comenzar a reírse en pleno, porque ya saben los enredos que soy capaz de hacer con lo que en una mujer ‘normal’ sería un sueño erótico: como detenerlo todo para consultar con la almohada (en un sueño en el que ya de por sí se supone que estoy dormida y descansando) si me interesa o no tener sexo con un individuo ansioso y horny a la par (como si no me bastara saber que la posibilidad de tenerlo mientras estoy despierta es por ahora bastante poca). También ha ocurrido que detengo un sueño erótico porque las condiciones no me garantizan evitar un embarazo no deseado o porque hacerlo con un desconocido no es seguro (alguien que le explique a mi inconsciente que en los sueños todo es una ilusión). Siendo así, no dudo que ahora vaya a detener estos sueños cuando al individuo ansioso y horny de turno le pregunte antes de ejecutar el asunto que si de casualidad andará por ahí entre la billetera una prueba reciente de VIH (fechada como ese mismo día para ser específica).
Porque eso es lo que ocurre. No solo es el trabajo que me vaya a tomar volver a confiar en alguien para una relación de pareja. No solo es el tema de que probablemente no sé coquetear… y mucho menos elegir hombres con buena puntería, cuando de por sí transito en un ambiente donde no veo posibilidades de elegir alguno. Es saber que luego de ésta, no sé si podría hacer algo si no me respetan mi derecho a pedir ese examen. Ya habrá algún valiente que entienda lo que esto me importa y que lo traiga sin chistar.

Y ahora, que ya yo sé - VIH, les pregunto a uds, a los que vienen a leerme desde sus blogs, a los conocidos de antes, a los conocidos posmodernos, a los desconocidos, a los conocidos-desconocidos que nos leen sin decirnos, dejen de lado la candidez; porque esto no se trata de material ‘literario’ para una página de mi querido diario:


¿UDS. LO SABEN?



PD:
Si no lo saben, ¿qué están esperando para saberlo? ¿Qué si en julio del 2006 D.C. todavía se vale ser irresponsable y cobarde? Sí, claro que sí. Si es de lo más fácil y de lo más cómodo. Al fin y al cabo, durante milenios esa ha sido la regla de nuestra humanidad: obviar las responsabilidades olímpicamente. ¿Qué clase de presente construimos y ni hablar de la clase de futuro se nos viene encima si nos ponemos negligentes tratándose de nuestros cuerpos que, nos gusten o no, necesitamos para vivir esta vida en este mundo? Ayuda muchísimo saberse habitante de un cuerpo saludable. De igual manera ayuda saber cuándo el cuerpo tiene algo anómalo, porque quien lo sabe, puede tomar la decisión de hacer algo, lo que se necesite y lo que sea posible para recuperar el balance. O de no hacer nada. Pero el que no sabe, es como el que no ve.

Y si ya lo saben, dice Sikanda que lo PRESUMAN, y digo yo que presuman de no ser un nombre más en la lista de hombres y mujeres peleles y pusilánimes, que ya de por sí es larga y antigua. Presuman si de verdad tienen el espíritu de una estirpe valiente: "Presuman de manera fastidiosa a todos los que conocen de que UDS YA LO SABEN. No sólo bloggers, háganlo en casa, en el trabajo, en el supermercado si quieren ser realmente fastidiosos. La petición es: PRESUMAN!"



martes, julio 04, 2006

Yuyo Sapiens en Rosa



Una mañana de octubre del 2003 mi amiga Iridiscente llegó tarde a clases. Lo tremendo no era que llegara tarde. Era la cara de la sospecha que se cierne encima de uno como una nube cargada de lluvia, de esas que persiguen a cualquiera por todo el barrio. Eran los ojos, siempre iridiscentes, pero cuadrados que llevaba ese día. Con la misma cara de terror, en medio de los apuntes y los cuadros de Frida, de Fernando De Szyzlo y el Taller del Sur me dijo que ipsofactamente después de la clase iba donde el doctor… porque ese ‘resfriado’ que se traía desde hace una semana la estaba matando. Sin haber llegado al consultorio ya sabía que la primera receta iba a decir con letra muy legible: Prueba de embarazo.

Llevaba casi un año de andarnos ‘asustando’ regularmente. Su método de planificación usual había caducado y el desbarajuste hormonal era tan grande que junto a su esposo decidió regresar a los días del condón. Con dos hijos adolescentes ya grandes y a cinco años de verlos a ambos en la U, tenían claro que la solidez de su fabriquita de Sapiens Sapiens tenía por único interés mantener actualizados los procedimientos recreativos y kamasútricos pero no la producción. Finalmente ella se podía dedicar cada vez más a estudiar y ejercer lo que siempre había querido, veía como su vida se iba independizando de las demandas de ser madre de niños pequeños y de los días en tacones llenos de trabajo y papeles de oficina. Se llenaba de ilusión contando las poquitas materias que le faltaban, haciendo planes para hacer el TCU de San Vito en vacaciones y disfrutar la oportunidad de escapar de San José por 3 semanas. El ansiado título de bachillerato universitario se veía tan cerca que casi lo sentía en las manos, lo mismo que las pelotas de arcilla que iba convirtiendo en animales llenos de luz.

Su esposo, dueño de un temperamento envidiable, que le baila la payasa al estrés de tener un negocio propio en el competitivo mundo del diseño gráfico, no satisfecho en sus necesidades de colaboración comunitaria había decidido completar su agenda involucrándose en la política. Comprometido con la propuesta del partido, se apuntó a ser regidor. Y una vez electo no le mermó ni a las obligaciones políticas, ni al compromiso de mantener la economía del hogar, ni a su papel de hombre de familia… y así fuera que para hacer todo eso tuviera que trabajar hasta muy tarde, con toda la energía que tiene, pues tampoco le iba a mermar a las labores conyugales. Un hombre muy cumplidor. Salvo en el detalle de aquella agenda tan llena: se le fueron pasando los meses esperando una alineación astral que le dejara un campito para irse a operar y dejarse de vainas con los condones.

Mientras tanto Iridiscente llegaba unos días con cara de susto y salpullido, con que no le bajaba y que no sabía si era el reacomodo hormonal… o algo más (alguien, para ser exactos). Otro día ya con los ojos en paz contaba que ya… pero que cuando le había confesado al maridín la sospecha… pues él le había confesado el secretito bien guardadito de que un día de tantos en medio de la pasión un error de procedimiento le hizo ver que había un agujerito travieso por ahí… Y como a lo hecho pecho y ya no podía hacer nada más que esperar, él calladito más bonito se estaba esperando aquella confesión tan sospechosa.

Y aquella tensión constante, con el alivio de ver como se acercaba diciembre cuando de fijo había unos días libres para arreglar las preocupaciones. Y aquel ‘¡opérate hombre!’ que uno le dirigía con la mirada cuando alcanzaba a verlo en medio de aquel corre corre.

Para la tarde de ese mismo día de octubre, aquella prueba de embarazo había dado positivísimo. A la que iba a ser mamá por tercera vez, a duras penas le salía la voz para confesar que la causa de aquel ‘resfrío’ tan temible que la tenía agotada se llamaba espermatozoide. No puedo describir el tamaño ni cuántos días le duró el shock de saber que aquellos planes que se veían tan claros había que modificarlos por la testarudez del nuevo Sapiens Sapiens que le crecía en la panza. Las caras de angustia al saberse una vez más mujer-vaca-lechera que durante los primeros meses existe para alimentar a la nueva creatura. Como no sé lo que es eso me quedé sin saber que decir. Hablábamos por horas mientras trabajábamos para una profesora en un proyecto de 4 esculturas muy grandotas para un hotel muy muy fancy en Guanacaste por el que estaba cobrando una tontería que se le fue en nuestros salarios de ayudantes de artista y los materiales.

Lo único que atiné a decir para medio animar aquello, era algo así como que por alguna razón imposible explicar ese Sapiens Sapiens quería nacer, existir contra viento y marea como los yuyos, así estuviera el mundo tan chueco y feo como está. Que era tan necio ese Sapiens Sapiens, que llevaba meses emperrado en que nacía sí… o sí. Tan necio que no solo se emperraba en nacer. Se emperraba en nacer concebido por ese papá y esa mamá en esa familia y no en otra.

Ayer en la tarde fui un ratito a su casa… con el pretexto de un favor de gremio y de ponernos al día en historias, terminé quedándome como 4 horas. Como siempre, aunque hacía meses que no iba. La creatura, que nació mujer (sería de ahí que le venía tanta persistencia), con dos añitos habla hasta por los codos. Yo digo que nació bombeta por todo lo tímidos y reservados que son sus hermanos mayores. Se despertó un rato después de que llegué y bajó soplada a ver quien era la tal Tía Humito que se escuchaba abajo y de la que su mamá apenas le hablaba mientras se despabilaba. Con voz de dormida pregunta que ‘¿como le va Tía Humito?’ Y con la misma voz de dormida y de cómplice legendaria dice ‘que dicha’ cuando se le contesta que muy bien. Dos minutos después ya se había recordado de Pinky y preguntaba intrigadísima porqué no la había llevado montada en el carro. Contabilizando las mascotas que conoce resulta que entre su perro Newton que la cela, Misingo el gato de los abuelos, Kirie la gata rejuntada de la tía; Pinky, la gata rejuntada de la Tía Humito es la que más le simpatiza. Se ofrece sin que le pregunten a acompañar al papá a hacer un mandadito que se inventa para darnos un rato a solas desclasificando los expedientes secretos. Pero llora a gritos cuando la montan al carro, como buena bombeta le encanta la calle, pero le sabe mejor si la llevan en bus. Regresa haciendo el reportaje periodístico de quiénes estaban, a quién no vio porque ya dormía igual que el perro y cuántos juguetes habían.

Si preguntan quien es la más linda de la casa no grita yo… grita más… porque ella es la más más de los más más. Cuando digo que ya me voy mientras su mamá se va a poner un suéter me ignora, me extiende la mano y me hace subir para enseñarme sus juguetes: los ‘ila pipol’ en tren, un 'te-tuby' que le prestó la vecina y una canasta con pelotas que todavía no sabe apañar. Cuando le repito que me tengo que ir se va a buscar un libro de cuentos de ‘vini pu’ y me lo lee. Y como sabe que la estrategia de ser buena anfitriona es infalible se va a buscar los trastos para traerme té con huevo duro y bananos. Iridiscente se ríe y cuenta que es la primera vez que tuvo que comprar trastos de juguete porque la niña se los pidió. A la hija y el hijo grandes nunca les emocionó ese juego de cocina y las labores del hogar. Dice que como buena brujilla tampoco le merma a la escoba y que le parece el colmo tener que comprarle una de su tamaño para que no se mal mate con la de gente grande. Está claro que ella vino al mundo a pasarla bien y que se apunta a todo lo que pueda convertirse en diversión. Al rato la pequeña se pone celosa y lleva más cuentos cuando la mamá aprovecha un despistín para enseñarme las herencias de antigüedades y el aparato de radio tan rechuzo y tan ‘digital’ que se compraron los abuelos por la fortuna de 600 colones en 1950.

Deberían haber más días así. Que me resbale todo como a las babosas que me visitan. Que venga la Provence Pipol a decirme en mi cara que la verdad es que me hicieron una zancadilla no porque yo sea una inútil incompetente, si no porque les caigo gorda y no me quieren, porque no socializo con ellos y porque ignoran mucho, o todo de mi vida personal. Podrán venir a decirme misa… total que para esa actuación de la misa son muy buenos. Sus once votos no valen nada puestos en la balanza de esa pequeña valiente que se atrevió a cambiarle los proyectos a toda su familia. Vestida de rosa hasta los calzones, necia y persistente; me ve muy poco, pero me quiere los ratitos que estoy cerca y pone ojos de ternerito a medio morir cuando me llevan a la puerta.

Que se entretengan con sus intrigas y su interés hipócrita en mi persona. Hay una niñita de dos años, a la que sus papás le dicen maliciosamente Yuyo Sapiens, que me regala y me llora toda la honestidad de sus lágrimas de cocodrilo cuando me voy de su casa. Que se calma cuando le prometo invitarla para que llegue a jugar con Pinky y que me promete llamarme para jugar con el juguete que le regalen cuando dentro de poco, durante varios días avise para ir al baño a hacer caquita. Que tira un beso lleno de miaus para mi gata y mira mis ojos cómplices con sus ojos yuyos, recordándome que nos conocemos desde aquellos días en que ella era tan solo la primer sospecha.





jueves, junio 29, 2006

Humiabuela Y La Provence

El domingo mientras me entretenía con los codazos y las patadas que se repartían los portugueses y los holandeses por jugar fútbol, un exalumno de la Humiabuela, se me quedó viendo y dijo:

-Acabás de hacer un gesto mientras veías el tele… que de inmediato me acordé del porte de tu abuela!

Yo me quedé imaginando qué sería el tarro… es poco probable que este señor haya visto a doña María viendo tele. Ella fue de las primeras del barrio conseguir un aparato de esos para sus hijos, sepa Dios con cuanto esfuerzo. Se pasaba las tardes calificando tareas, exámenes y preparando clases. Aún así de ocupada acomodaba sillitas para que los vecinitos se asomaran y vieran aquellos muñequitos que en su casa no tenían. La Tía Lina, desde entonces celosa y sin tacto, les sacaba la lengua, cerraba la puerta y escondía las sillas.

Volviendo al Fumador, si en ese momento no le entendí, eso ha de ser porque soy un poco básica en mi entendimiento simbólico. El señor se siguió fumando su cigarro del almuerzo y al rato, más que decir, pensó en voz alta:

-Esa era una mujer con lo que llaman ‘garbo’… qué decirte… Tu Abuela era una mujer… Tu abuela era una Mujer… Diferente.

Abrí los ojos. El señor siguió fumando, recordando y pensando en voz alta:

-‘Gud mornin clas. Mai neim is María Guzmán’ (y repite la frase con un acentazo latino que le creo que así lo decía ella año tras año). Tu abuela no era del montón. Es más. No le interesaba ser como todos los demás. ¿Es que como no se iba a salir ella del montón? Si a ella se le salía el porte de liberiana. Lo guanaca. A vos se te sale lo mismo, aunque no hallás nacido en Liberia. Pusiste esa cara … y uno con los años sabe cuando una persona no es del montón.

Me lo dijo con nostalgia. Pero no la nostalgia de recordar sus tiempos colegiales y las lecciones de inglés de doña María. Me lo dijo feliz y seguro. Y me lo dijo con tristeza. La de quien conoce desde su pellejo de seis décadas lo que es vivir la diferencia enclosetada.

Pampera por un lado y de sangre más norteña por el otro. Según mis investigaciones genealógicas y las visitas que ella hacía a sus tías de Granada, un par de generaciones atrás, las humi-ancestras no era Marías si no Maríllas. Hija del telegrafista más rápido de toda la pampa, de una extensa prole conocida: 2 con la Humibisabuela con la que nunca se casó, más de 6 con su esposa… y un número desconocido por aquí y por allá. El señor era el azote de los puntos y las rayas. Mi mamá cuenta que ese abuelo era un moreno grandísimo, con unos inquietantes ojos azules. De la descendencia ´legítima’ del telegrafista solo conozco a los primos Avellanos. A todos los que pudo les dio el apellido y una herencia en vida: los hombres con un terrenito y las mujeres ‘mestras’ de la Normal de Heredia.

La Humibisabuela era partera u obstetra, y además la dueña o administradora de una pensión u hotelito modesto de Liberia. Ahí fue donde mi abuelo provenzal tuvo la fortuna de conocer a la María. Fue a escorar ahí de castigo. Como no colaboraba en la empresa familiar (Sastrería La Moda Fashion Provenzal) el Sastrepapá lo mandó a que trabajara en lo que de verdá era duro: picando piedra para la construcción de la Interamericana. Cuando iba por Liberia ya se había hecho como capataz de una cuadrilla (trabajador no, pero gruñón y mandón toda la vida). Según él… era mi abuela la que se le arrimaba pestañeando cuando le servía el almuerzo. Ni yo le creo. Ni mi tío que ha sido un peligroso seductor de armas tomar. Mi abuela debe haber sido la mujer más chola, más digna, más dura, más difícil y más guapa que le habló.

Cuando terminó de hacerse maestra, los maestros que la querían mucho, la mandaron a sacar un profesorado en ciencias naturales en inglés (o algo así); en uno de los estados del Sur de la Yunai. De tonta no tenía un ni un pelo. Y de chola todos. A mucha honra. Yo me la imagino en aquellas épocas, cantando blues con las voces de los negritos que siempre llevó en el corazón. Años después, a las dos nietitas de 3 años que cuidaba les regaló unas muñequitas de trapo negras y algo contaba de aquellos años azules en los que se siguió carteando con el abuelo provenzal. Alguna vez leí una carta que le hablaba de su tristeza por la muerte de la Humibisabuela.

Cuando regresó, era una mujer a la que había dejado el tren hacía años. Así fuera ella tan digna, ser una vieja sola y chocha no estaba en sus planes. A como de lugar tenía que montarse con todo su garbo y toda su singularidad guanacasteca en cualquier tren que pasara retrasado, aunque solo tuviera vagones de segunda, con pasajeros de 3ra… El tren impuntual fue el gran mentiroso de mi abuelo. Y así fue como ella, una mujer liberiana evolucionada, hija de madre soltera y telegrafista guapo y generoso, bilingüe, estudiada en la yunai, con 32 años, firmó su destino el 22 de enero del 49’. Viva como ella sola, desde entonces enredó al abuelo con la edad y en el acta se las ingenió para que le recortaran 8 años de vida. Pasó más de 20 años lejos de su calor, envuelta en las brumas y la pasmazón de La Provence, casada con un tipo que nunca estudió y que trabajaba (¿trabajaba?) no de sol a sol…si no…un poquito, antitos de ponerse el sol.

Cuando la tía Lina estaba muy chiquita, mi abuela se enteró, así a lo feo, al mejor estilo de chisme provenzal cargado de ponzoña, que la tía Lina no era la primogénita del Sastreabuelo… porque la tía Gasparina había nacido mientras ella estudiaba en la yunai… Y aunque cuentan que pensó en el divorcio, se conmovió más al saber que la tía Gasparina estaba en necesidad. De ahí en adelante, halló siempre la manera de repartir su ganancia para que a Gasparina no le faltara bocado, y mucho menos estudio. Todos sabemos que hoy, la tía Gasparina a sus 60 y tantos años, por agradecimiento a la Marilla que jodíó y jodíó con la necedad de que estudiara, sigue llamando y visitando al abuelo; que en su memoria chocha y casi centenaria a veces se despide diciéndole: ‘Bueno hija… que esté muy bien, gracias por telefonearme ¡¡Me saluda a su mamá y a su papá!!’

Cuentan que al abuelo se le veía salir de la casa después del mediodía, enrumbarse perezosamente hacia la Sastrería la Moda Fashion Provenzal, cortar alguna pieza de un traje para señor distinguido, noble y leal, coser algunas puntadas cuidadosas… pasar alguna vez a la cantina por un trago y regresar puntualmente a la cena (eso de la jornada laboral sigloveintesca de 40 horas a la semana nunca lo escuchó). Mientras él dormía a pierna suelta con el día bien amanecido… la Humiabuela madrugaba, caminaba media cuadra y repartía durante horas el que para muchos adolescentes provenzales fue el único inglés que hoy pueden reconocer y repetir: ‘Mai neim is María Acevedo, uats llur neim?.

Cuentan que además daba unas lecciones de biología inspiradas… tanto… que cuando yo estaba en mi colegio de curas en segundo grado, la Niña, que viajaba a San Pedro de La Provence, reconocíó a la Humiabuela en los apellidos de la Humimadre y la llamó para que fuera a darnos una clase. Mi abuela llegó con sus libros en inglés, a ilustrarnos con dibujos de flores cortadas por la mitad, cómo era que se llamaban las partes de la flor y porqué eran tan delicadas y tan importantes las cositas que llevaban por dentro (‘el corte de la flor’, se convirtió para mí en ese recuerdo… hoy es el grabado que está sobre los sillones de mi sala).

También cuentan cómo y qué tan caro le cobraron los espíritus provenzales su garbo liberiano y ese famoso porte que la diferenciaba del montón. Recién casada no tuvo más remedio que vivir un tiempo en casa de la suegra… que muy provenzal, muy envidiosa, muy perversa, y muy soberbia de su blancura, la chingaba echándole agua al fogón que ella encendía tempranito para el agua de su café y sus tortillas chorotegas. Me cuenta mi tío lo que recuerda de los desprecios que le hacía la cuñada… a la que imagino como esta muchacha tonta, gorda, pálida, fea y verrugosa haciendo trompas a la cocina guanaca de mi abuelita. Esa misma malencarada, era la misma que cuando se llenaba la vida de desgracias y no tenía dónde caer, se metía a su casa que siempre tuvo la puerta abierta. Se acomodaba sin pedir permiso en la cama más suavecita mientras se olvidaba un rato que la vida la tenía dura y cargada con el estigma de ser madre tortera. Toda esa impertinencia junta, no fue suficiente para que mi abuela le arrugara la nariz.

Cuentan también que la Humiabuela salía a la calle y que siempre andaba como de dama muy distinguida… nadie sabe cómo hacía para verse así; ni cómo era que su salario de profesora se estiraba para sostener la moda, la coquetería y la barriga de 5 (6 con las ayuditas a Gasparina). Dicen que a veces se ayudaba vendiendo ropa americana que alguien le traía (nuevita nuevita)… pero que las viejas brujas y mañosas de La Provence le amarraban tanto los perros… que ya vestidas le dejaban de pagar… y al final se cansó.

Cuenta siempre con risa, Risa, la hermana del Fumador, que igual era severa en el colegio y en la casa: administrando el bocado no perdonaba. La Humimamá era la única de los tres hijos que lo hacía… eso de llevar amiguitas tenía consecuencias directas en su consumo calórico. Risa suspiraba… si la llevaban comía carne esa semana. Pero también sufría con mi mamá porque en esa casa los bistec tenían nombre: al que traía visitas le cortaban el bistec a la mitad. Ahora que son grandes, se ríen cada vez que salen a comer… empiezan con una copa, y al final piden una botella de vino para brindar por los días del medio bistec que las dejaba con hambre.

Apenas pudieron… la Humiabuela y la hermana, la tía Chris, se compraron un terrenito en Tárcoles… y en las vacaciones hacían paseos de huevo duro para ir a sentir el sol y oír el mar. Duraban varios días en ir y en volver. El abuelo siempre llegaba después. Si llegaba tarde se ahorraba la fatiga de tener que ayudar a limpiar el polvo de las camas. Él iba por su hamaca a ventilarse el cansancio y el dolor de pies (a la fecha ignoramos porqué le han dolido tanto si ha llevado una vida tan relajada).

Cuando la Tía Lina pasó su primer año de Medicina, la Humiabuela aprovechó la oportunidad para escapar: Ya sigue la otra de estudiar y la universidad queda largo. Compró un lote cerca de la U, construyó casa y por los dos años de trabajo que le quedaban prefirió ser ella la que viajaba a La Provence a enseñar que ver a sus hijitas pasar incomodidades. De paso así pudo finalmente, cambiar de aires… y conocer otra gente.

A la Humiabuela le debe haber pegado duro… eso de vivir 20 años en la Provence aguantando el palo que fue ser la mujer de mi abuelo… y el palo que los habitantes provenzales con su provenzal envidia le cobraban por ser distinta a todos ellos: chola, guanaca, inteligente, estudiada, viajada y encima bilingüe. Bien que le cobraron todo lo que se salió del montón.

Ayer hubiera querido llamarla para preguntarle como demonios hizo para aguantarse los chismes y todo el serrucho que son capaces de sacarle los provenzales a una mujer así. Que de donde tuvo espíritu para dejarse de todo eso sin perturbarse la vida.

Como estoy afónica y ni despotricar puedo en vez de llamar seguro hubiera pasado a desvelarla con mis preguntas y mis mocos. Y ella me hubiera alistado un caldo de frijol para contarme mientras lo tomaba alguna historia de terror que no conozco:

-Ay hijita, ¿porqué no se abriga más si ahí es frío? Es que figúrese… paciencia y un garabato me decían a mi… (Hasta ahora que soy grande entiendo que se refería no al garabato de papel... si no al de campo)

La alternativa fue pasar a la casa de mi mamá a buscar una foto. Como yo a veces creo que las cosas se encuentran con mocos ya iba a llorar porque buscaba y buscaba y no aparecía una sola en la que estuviéramos juntas.

Hasta que apareció esta para preguntarle lo mismo pero desde mis 7 años, cuando por su esfuerzo, conocí al primito que había nacido en aquel país donde estudiaba la tía Lina, donde tenían otoño y en la bandera una de esas hojitas color rojo, y me llevó a un zoológico a conocer las cebras:

-Abuelita, ¿cómo voy a hacer cuando sea grande e igual que usté tenga que trabajar en La Provence y como usté yo sea un poco diferente a todos y me den risa otras cosas y me serruchen el piso por eso? ¿Cuénteme como hizo usted para vivir y trabajar ahí sin desarmarse el alma porque yo que solo voy a tener que ir unos días por trabajo me voy a sentir que me deshago de la rabia y de la impotencia? ¿De dónde se sacó el espíritu para aguantarse a todos esos pesados? ¿Qué pasa si yo dejara de ver ese lugar como una oportunidad y se comienza a parecer un saco muy pesado que me estorba para las cosas que sí son importantes????



martes, junio 27, 2006

De Babosas Y Otras Palabras




El jardín interno se sigue viendo hermoso, aún sin las plantitas que le quiero poner y que todavía no llegan. Pero sospecho que es ahí donde tienen uno de sus condominios. Ayer le eché sal a la décima babosa que en los últimos dos meses ha osado babear mi hogar con su non grata presencia… Yo intento negociarles la vida, pero por andar en mi mundo tan llenas de babas no han entendido mi trato y mi palabra: mientras vivan fuera de mi hogar, pueden mantenerla (igual que las cucarachas, pero de eso se encarga Pinky). Y las que no entiendan… pues se mueren, ¡saladas! (Pinky, inteligente como es -algunas veces- sabe instintivamente la que le puede esperar a su estómago si se les acerca, entonces las mira con desprecio y espera diligente a que yo cumpla con el anunciado genocidio).

El sábado –salvo por la babosa número nueve- fue uno de esos días que pasan sin sal, sin aspavientos, sin planes, básicamente sin llamadas y sin energías. La semana anterior me dejó exhausta… y lo apachurrada me rinde hasta el día de hoy. Al rato y se me fue la mano con la receta médica de batidos de lechuga de bosque y me refesqué mas de la cuenta ¿será posible o son otras las causas??

A veces se me olvida que estos episodios con tribus egofrénicas me agotan… y que me agota igual saber que sí o sí tengo que responder y poner cabeza para que sea con elegancia y sin ofender. Al final, por algún lado se sale lo que de verdad pienso… y no solo es por aquí, también por la garganta y por la cabeza (que aún no la pierdo).

Por otro lado… lo del mayor dolor de cabeza no fue ‘esa’ carta… si no la otra que hice después (solo que ahí no reprimí pensamientos políticamente incorrectos). Alguien ‘inocentemente’ tuvo la genial idea de tantear que tal le salía la comunicación conmigo por medio de un e mail con un chiste. No digo que me moleste si de vez en cuando me mandan alguna babosada por correo…pero en este caso, de las pocas situaciones en las cuales la comunicación podría ocurrir de una manera mmm… mmm… relativamente cordial… un chiste de las frases de los cinco judíos que cambiaron al mundo NO es una de ellas. Cualquiera podría decirme que jojojojojijijijujujuju Moisés dijo todo es la Ley, Jesús dijo todo es el amor buajajajojojojojijijijujuju Marx dijo todo es el capital jojojujujujujajaja Freud dijo todo es el sexo y guacaguacaguacaguaca Einstein cambió el mundo diciendo que todo es relativo jojojoojijijijujuju. Pero viniendo de quien vino, que me traten de iluminar o alegrar el pensamiento y el corazón con la teoría de la relatividad es aspirar a mucha pelotudez.

Me adelanto a cualquier higadoso/a o sensato/a que me advierta con su voz de los peligros de desmedir y/o medir las consecuencias con las palabras en esta otra epístola, porque ya elevé el tema a consulta profesional (que NO es la Humimadre con su dulce y subjetivo ojo dragoniano). Fue aprobada en la plenitud de sus contenidos y términos por la Interlocutora que conoce el panorama completo y no solo el fragmento que escapa por acá.

Sé que me dejó agotada llegar al conversatorio con tanta rabia junta, cuando antes de leer el mail con el mal chiste, unos minutos antes de irme, las palabras se encaminaban por otros rumbos… un poco preocupadas, por el último conversatorio : por primera vez en meses, la interlocutora lo concluyó mencionando la posibilidad de la palabra con “P”. Como yo soy una Gran Pendeja, que también es con "P", la sola mención de la palabra con "P" me da mucha angustia.

Y pendiente, que también es con "P" se me quedó decirle esto. Que esa justo es la misma angustia que me da, porque soy una Gran Pendeja, ir cayendo en cuenta de que a partir del jueves tengo 18 días de vacaciones. 18 días de vacaciones pagas que sé que muchos se desearían. 18 días de vacaciones que sé que muchos no tienen. 18 días de vacaciones que debo agradecer y decir bienvenidos. Pero para mí, además de ser 18 días sin los personajes provenzales… son 18 días que debo llenar yo, solita yo con mis actividades… que en realidad ésta y no otra, es la prueba ahora que vivo yo solita, porque el resto, en estos meses ahí lo he ido manejando más o menos bien… Y ahora me pongo a pensar que si a veces no logro ni llenar un sábado cuando me invade una sobredosis de batido de lechuga, de agotamiento y agobio por todo, ¿será que en 18 días van a ser suficientes mis actividades, mis proyectos, mis pelotas de arcilla, mis hilos, mis fuegos pendientes de estreno? ¿será que ya estoy lista para acompañarme por tanto tiempo a solas conmigo misma sabiendo que la mayoría de mis ‘refuerzos’ –que tampoco son tantísimos- no están de vacaciones?

Alguna sugerencia: ¿más batido de lechuga? ¿o ya es suficiente con la sobredosis del fin de semana? ¿o soy una babosa de las que tanto combato? ¿me echo un puño de sal para deshacerme las babas y me limpio con Tronex cuando termine? ¿o yo que soy lunática digo que la falta de entusiasmo se debe al clima aguado y a la luna nueva?